Un avance geopolítico vital fue reportado el viernes. El presidente de la Cámara Nacional de Comercio confirmó que, tras recientes encuentros bilaterales, Brasil abrió la posibilidad de analizar la incorporación de Bolivia al corredor bioceánico que conecta el Atlántico con el Pacífico.
Traducido al idioma que entienden los pueblos que producen y no los políticos que declaman: Lula da Silva ha dejado entreabierta una puerta que podría cambiar el destino económico de Bolivia durante las próximas décadas.
Y cuando el tren de la historia pasa frente a la estación, hay dos tipos de autoridades: las que se suben y las que se quedan dando discursos en el andén.
Por eso esta columna no es una crítica. Es una invitación. Una invitación al gobernador de Santa Cruz, J.P. Velasco, para que piense como estadista y no como administrador de coyunturas. Porque Santa Cruz no necesita más promesas. Necesita infraestructura capaz de generar empleo, exportaciones, inversiones y oportunidades para los próximos treinta años. Así de simple.
Porque al final de toda gestión pública ocurre algo cruel: la historia no recuerda las conferencias de prensa, los discursos motivacionales ni las fotografías institucionales. La historia recuerda las obras que transformaron regiones enteras.
Cada vez que una nueva autoridad asume funciones en Bolivia, se repite el mismo ritual. Aparecen listas interminables de pedidos. Unos quieren mercados, otros quieren hospitales.
Algunos exigen coliseos, plazas, puentes, avenidas y edificios públicos.
Y nunca falta quien crea que el desarrollo consiste en inaugurar oficinas para administrar problemas que continúan exactamente dónde estaban antes de cortar la cinta. Pero existe una diferencia gigantesca entre administrar necesidades y construir riqueza.
La primera consume recursos… La segunda los genera. Y es precisamente ahí donde Santa Cruz enfrenta una oportunidad histórica.
Mientras buena parte del país sigue atrapada en la discusión de cómo repartir una torta cada vez más pequeña, Santa Cruz continúa siendo la región que más produce, más exporta, más invierte y más migración recibe.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿Vamos a seguir creciendo por inercia o vamos a construir el próximo salto económico del departamento? Porque si Brasil realmente comienza a considerar a Bolivia dentro de la arquitectura logística continental, Santa Cruz debe prepararse desde hoy. Y para ello existen dos proyectos que deberían convertirse en prioridades estratégicas de la Gobernación. No para el próximo año, para los próximos treinta.
El primer proyecto despega desde Viru Viru… Cuando un político escucha la palabra aeropuerto suele imaginar una pista de aterrizaje. Cuando un empresario escucha la palabra Hub, imagina dólares. Muchos dólares.
Porque un Hub aeroportuario moderno no es un aeropuerto. Es una plataforma de comercio internacional. Es almacenamiento; es distribución regional; es carga aérea; es industria; es turismo; es logística; es empleo; es inversión privada… resumido “ES RIQUEZA”.
Los estudios existentes muestran que Viru Viru ya genera decenas de miles de empleos directos e indirectos y un impacto económico que se mide en cientos de millones de dólares.
Pero lo más importante es que todavía estamos viendo apenas una fracción de su potencial.
Santa Cruz posee una ventaja que ningún gobierno puede fabricar y que ningún adversario político puede bloquear. La geografía. Estamos ubicados prácticamente en el corazón de Sudamérica. Mientras otros países gastan miles de millones intentando acercarse a los mercados, Santa Cruz nació estratégicamente ubicada en medio de ellos.
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Por eso la Gobernación debería convertirse en el principal aliado institucional para consolidar el Hub Internacional de Viru Viru mediante accesos modernos, parques logísticos, zonas industriales, incentivos a la inversión y planificación territorial.
Porque los aviones no traen únicamente pasajeros…Traen negocios y los negocios generan riqueza.
El segundo proyecto avanza sobre rieles, donde existe una oportunidad todavía más trascendental. Y curiosamente no vuela, corre sobre acero.
Durante años hemos escuchado discursos románticos sobre trenes turísticos, ferrobuses pintorescos y proyectos ferroviarios que lucen muy bien en las presentaciones de PowerPoint. El problema es que los discursos suelen viajar más rápido que los números. Y los números son los únicos pasajeros que pagan el boleto.
Por eso quizás haya llegado el momento de concentrarnos en lo que realmente mueve la economía: La carga; la producción; las exportaciones; la agroindustria y la logística.
La propuesta de construir entre 200 y 250 kilómetros de vía férrea entre San José de Chiquitos y San Ignacio de Velasco podría convertirse en una de las inversiones más transformadoras de la historia económica reciente de Santa Cruz.
No estamos hablando de un tren. Estamos hablando de abrir una nueva frontera de desarrollo. De conectar enormes extensiones productivas con los mercados internacionales, de reducir costos logísticos, de atraer inversiones, de generar empleos permanentes, de crear polos industriales, de fortalecer la competitividad agropecuaria y de acercar aún más a Santa Cruz con el mercado más grande de Sudamérica: Brasil.
Cada kilómetro de riel tendría un efecto multiplicador extraordinario. Donde llegan las vías llegan los centros de acopio, llegan las industrias, llegan los talleres, llegan los servicios, llega el comercio… Llegan las inversiones y llega el crecimiento. En resumen: llega la riqueza.
Más aun cuando la economía y el medio ambiente viajan en el mismo tren lo que convierte este proyecto en algo aún más atractivo… El mundo está buscando reducir emisiones y el ferrocarril es una de las herramientas más eficientes para lograrlo.
Transportar carga por tren puede reducir aproximadamente en un 75% las emisiones de carbono respecto al transporte carretero equivalente, simplemente porque moviliza mayores volúmenes con menor impacto ambiental y consume menos combustible.
Por eso los países desarrollados están regresando al ferrocarril porque los números ambientales también cuadran. Precisamente por ello, organismos multilaterales y fondos internacionales están destinando miles de millones de dólares a proyectos ferroviarios sostenibles mediante bonos verdes y mecanismos de financiamiento climático.
Aquí Santa Cruz tiene una ventaja adicional ya que Ferrocarriles Del Oriente (FOSA) ha iniciado la medición de su huella de carbono con la visión de consolidarse como un verdadero «tren verde», alineado con estándares internacionales de sostenibilidad.
Si esa visión empresarial encuentra respaldo institucional, el tramo San José–San Ignacio podría convertirse en mucho más que una obra de infraestructura. Podría convertirse en una iniciativa internacionalmente financiable. En otras palabras, los rieles podrían pagarse no solamente por la riqueza que generan. También por el carbono que dejan de emitir.
Y cuando un proyecto logra combinar producción, exportaciones, empleo, sostenibilidad ambiental y competitividad logística, deja de ser un gasto. Se convierte en una apuesta estratégica de desarrollo.
Por todo lo expuesto es que podemos afirmar que existe una gran diferencia entre administrar y trascender y tal vez ahí se encuentre el verdadero desafío de J.P. Velasco.
No en administrar presupuestos limitados. No en inaugurar obras menores. No en sobrevivir políticamente durante cinco años. Sino en liderar una visión capaz de transformar a Santa Cruz en la plataforma logística más importante de Bolivia y en un actor relevante dentro del corredor bioceánico sudamericano que hoy comienza a asomar en el horizonte.
Porque los gobernantes administran lo que existe. Los estadistas construyen lo que todavía no existe… Porque el desarrollo rara vez llega envuelto en aplausos, generalmente llega cargado de contenedores… A veces aterriza sobre alas y otras veces avanza silenciosamente sobre rieles.
*Es escritor y analista político
















































































