El viceministro Fabián Espinoza anuncia un próximo lanzamiento desde el Ministerio de Planificación, impulsa la reforma de la ley sectorial de 2001 y plantea el litio y el clima frío del occidente como ventajas de Bolivia para los centros de datos.
El Viceministerio de Ciencia y Tecnología, dependiente del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, prepara el despliegue de la inteligencia artificial (IA) en la administración pública boliviana. «Pronto va a haber un lanzamiento específico sobre esta tecnología. Estará acompañado también de un cronograma de capacitaciones e instrucciones al sector administrativo», adelantó el viceministro Fabián Espinoza. La autoridad definió el enfoque de la gestión en tres palabras: una implementación «progresiva, ordenada y multidimensional».
El ritmo de la adopción
La autoridad advirtió, sin embargo, sobre los riesgos de una adopción apresurada. El uso indiscriminado de estas herramientas de IA puede hacer que «el remedio resulte peor que la enfermedad». Esto porque deprecia la calidad del contenido y genera dependencia. Sobre todo cuando se emplean «versiones gratuitas, que tienen un mayor grado de alucinación». En el ámbito jurídico, ejemplificó, estas herramientas llegan a «inventarse normas que no existen, precedentes que nunca sucedieron». Aun así, el viceministerio ya implementa «plataformas que optimizan la toma de decisiones del ministro y del equipo con inteligencia artificial generativa». Hay una condición de diseño: herramientas open source alineadas a una política de «soberanía tecnológica que se plasma en software libre y estándares abiertos».
En el plano normativo, el anuncio central es la reforma de la ley del Sistema Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación. «Ya estamos llevando adelante un modelo basado en la teoría de las múltiples partes interesadas para arribar a un comité multidisciplinario para la reforma de la ley», explicó Espinoza. El único precedente vigente es la ley del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología de 2001, que «nunca ha merecido un decreto reglamentario». Quedó como «una ley marco muy enunciativa y muy sobrecargada de estructuras» que no produjeron resultados tangibles. La autoridad fijó además un orden de prioridades regulatorias que se aparta de la tendencia de legislar sobre inteligencia artificial. «Estamos carentes de una ley de protección de datos personales y de una ley de acceso a la información, que son temas inminentes», sostuvo. Luego reflexionó sobre «qué necesidad tenemos realmente en este momento» de una ley de IA sin un análisis previo de madurez.
Gestión y futuro
En cuanto a la gestión en curso, el viceministerio estandarizó su estructura metodológica según los parámetros de la Red Iberoamericana de Ciencia y Tecnología. Este ordenamiento identificó 87 líneas doctrinales en ciencia y, en tecnología, 10 rubros y más de 30 subrubros, de la biotecnología a la nanotecnología. En materia de patentes, Espinoza reconoció el rezago del país con franqueza. «Cuando menos no somos los últimos, pero no estamos a la cabeza», dijo.
Para revertirlo, la entidad ejecutará un cronograma anual de capacitaciones junto al Servicio Nacional de Propiedad Intelectual, dirigido a sectores públicos, privados y académicos. Además, trabaja en una reforma normativa para dar a investigadores y emprendedores «alguna forma de incentivos o un régimen especial». El acompañamiento a las startups, en alianza con las cámaras de comercio, completa la agenda. Se trata, dijo, de «un nicho al que en los anteriores años no se le ha dado la atención que correspondía».
La visión de futuro del viceministro descansa en dos ventajas comparativas que, a su juicio, el país aún no dimensiona. «Bolivia tiene la fortaleza del litio, que hace a los centros de procesamiento de datos, específicamente con inteligencia artificial», afirmó. La segunda es climática. «Tenemos espacios geográficos interesantes, con temperaturas en el occidente boliviano que permiten prescindir de las máquinas de acondicionamiento o enfriamiento». El argumento cobra sentido ante el costo energético de la IA, que somete a la generación y redes a un estrés creciente. Ambos potenciales se proyectan hasta 2030 dentro del Plan de Desarrollo Económico, Social y Ambiental, con miras a alianzas con actores internacionales y a mitigar la fuga de cerebros del país.




















































































