El ecosistema de startups de América Latina atraviesa una nueva etapa. Después del auge sin precedentes que vivió el capital de riesgo en 2021, cuando miles de millones de dólares llegaron a empresas tecnológicas impulsadas por la liquidez global y las bajas tasas de interés, el mercado hoy opera bajo reglas muy diferentes. Si bien durante 2025 la inversión mostró una recuperación respecto a los dos años anteriores, las startups de la región todavía captan menos recursos que en 2019, reflejando un escenario mucho más selectivo para acceder a financiamiento.
Las cifras difundidas por Latinometrics, con base en información de LAVCA y Cuantico VP, muestran que el volumen de inversión alcanzó su punto máximo en 2021, para luego registrar una fuerte corrección durante 2022 y 2023. Aunque en 2025 se observa una mejora respecto a 2024, el capital de riesgo aún no recupera los niveles previos al boom, evidenciando que el mercado dejó atrás la etapa de expansión acelerada.
Detrás de esta transformación existe un cambio estructural. Durante los años de mayor liquidez, muchos inversionistas priorizaron el crecimiento rápido de usuarios y ventas, incluso sacrificando rentabilidad. Hoy, en cambio, los fondos de venture capital concentran sus decisiones en modelos de negocio sostenibles, empresas con ingresos recurrentes y emprendimientos capaces de demostrar eficiencia operativa antes de buscar nuevas rondas de inversión.
Bolivia aún construye su ecosistema de startups
Aunque América Latina atraviesa una etapa de mayor disciplina financiera, Bolivia todavía se encuentra en una fase de consolidación de su ecosistema emprendedor. Para Mabel Becerra, especialista en Startups, Innovación e Internacionalización, el país ha mostrado avances importantes durante los últimos cinco años, tanto en el número de emprendimientos tecnológicos como en la aparición de organizaciones de apoyo y una mayor articulación institucional. Sin embargo, considera que el ecosistema aún está lejos del nivel de madurez alcanzado por mercados como Brasil, México, Chile o Colombia.
«A diferencia de otros ecosistemas de startups de América Latina, el boliviano continúa valorando el crecimiento acelerado, aunque hoy ese crecimiento debe ir acompañado de una estrategia clara de rentabilidad y sostenibilidad», explica.
La especialista señala que, pese al contexto económico desafiante, las startups bolivianas comienzan a captar el interés de inversionistas regionales e internacionales gracias al desarrollo de soluciones en sectores como FinTech, AgTech, EdTech y Software como Servicio (SaaS). Sin embargo, advierte que el financiamiento en las etapas iniciales continúa dependiendo principalmente de recursos familiares (family offices) y de redes de inversionistas ángeles locales.
En ese contexto, sostiene que uno de los principales retos consiste en fortalecer la infraestructura legal y financiera del país para facilitar la llegada del capital de riesgo disponible en los grandes fondos regionales. «El desafío ya no es únicamente generar emprendedores, sino incrementar la calidad de las startups, fortalecer su escalabilidad y facilitar su acceso al venture capital», afirma.
Los desafíos estructurales del ecosistema
Para Becerra, las principales limitaciones del ecosistema boliviano no responden a una falta de talento emprendedor, sino a factores estructurales que restringen el crecimiento de las empresas tecnológicas.
Entre ellos identifica la escasez de fondos nacionales de venture capital, la baja inversión privada en innovación, el reducido tamaño del mercado interno, la limitada internacionalización de las startups, la escasa transferencia tecnológica entre universidades y empresas, además de un entorno regulatorio que todavía genera incertidumbre para inversionistas y emprendedores.
Como consecuencia, muchas startups financian sus primeras etapas con recursos propios, apoyo familiar o concursos de innovación, mientras que la participación de Bolivia en redes internacionales de aceleradoras e inversionistas continúa siendo limitada.
No obstante, la especialista destaca una ventaja competitiva del país. Considera que el costo operativo para desarrollar empresas tecnológicas sigue siendo relativamente bajo frente a otros mercados latinoamericanos, lo que puede convertirse en un factor atractivo para inversionistas especializados en etapas tempranas.
Sectores con mayor potencial
Respecto a las oportunidades, Becerra señala que las tendencias regionales muestran una creciente concentración de inversiones en empresas vinculadas a Inteligencia Artificial, AgTech, HealthTech, ClimateTech y software empresarial, sectores que también ofrecen importantes oportunidades para Bolivia.
En particular, identifica un alto potencial para el desarrollo de tecnologías aplicadas a la agricultura de precisión, monitoreo satelital, automatización agrícola, trazabilidad para exportaciones, soluciones de inclusión financiera, pagos digitales, crédito para pymes, eficiencia energética, economía circular, telemedicina, digitalización hospitalaria y plataformas de automatización empresarial basadas en inteligencia artificial.
«La ventaja estratégica de Bolivia radica en desarrollar tecnologías adaptadas a sectores donde posee ventajas productivas, particularmente agroindustria, minería, logística y servicios empresariales», sostiene.
Dependencia del capital extranjero
Otro aspecto que revela el comportamiento del mercado es la elevada participación de inversionistas internacionales en el financiamiento de startups latinoamericanas. En el caso de México, por ejemplo, alrededor del 92% del capital de riesgo captado en 2025 provino de fondos extranjeros, reflejando que la región continúa dependiendo de inversionistas internacionales para financiar el crecimiento de sus empresas tecnológicas.
Si bien América Latina cuenta con gestores especializados como Kaszek, Monashees, Canary, Nazca o Atlantico, las mayores rondas de inversión continúan siendo lideradas por fondos globales, entre ellos SoftBank y Andreessen Horowitz (a16z), que mantienen una capacidad financiera muy superior a la de los actores regionales.
Innovación enfocada en resolver problemas
Pese al menor flujo de capital, la innovación no se ha detenido. El ecosistema continúa generando empresas orientadas a resolver necesidades concretas de la población, desde plataformas que conectan cuidadores para adultos mayores en Brasil, hasta agentes de inteligencia artificial que ayudan a pequeñas empresas mexicanas a vender mediante WhatsApp o soluciones de tecnología aplicada a la salud para ampliar el acceso a servicios médicos.
Este cambio refleja una evolución del emprendimiento latinoamericano. Más que perseguir valoraciones millonarias o salidas bursátiles aceleradas, un número creciente de startups apuesta por construir empresas sostenibles, con clientes reales y modelos capaces de mantenerse en el tiempo.
Un nuevo escenario para emprender
La experiencia de los últimos años demuestra que el capital de riesgo continúa siendo una herramienta importante para impulsar la innovación, aunque su acceso se ha vuelto considerablemente más exigente. Para los emprendedores latinoamericanos, el desafío ya no consiste únicamente en convencer a un fondo de inversión, sino en demostrar que sus soluciones generan valor, pueden crecer de manera rentable y responden a necesidades concretas del mercado.
Más que el fin del venture capital en América Latina, el escenario actual refleja la madurez de un ecosistema que dejó atrás la euforia del dinero abundante y comenzó a privilegiar empresas capaces de construir negocios sólidos, resilientes y con visión de largo plazo.
La articulación será la clave
De acuerdo con Becerra, los ecosistemas de innovación más exitosos del mundo comparten cuatro elementos: capital, talento, innovación y articulación institucional.
Como referencia cita el modelo brasileño, donde universidades, empresas y gobiernos trabajan de manera conjunta mediante fondos concursables y parques tecnológicos que impulsan la investigación aplicada, la incubación de empresas y la inserción temprana de talento humano.
En ese sentido, considera que Bolivia debe avanzar en la creación de fondos de coinversión público-privados, fortalecer la transferencia tecnológica entre universidades y empresas, facilitar la internacionalización de las startups, consolidar un marco regulatorio favorable para la inversión y especializar el ecosistema en sectores donde el país posee ventajas competitivas.
«Bajo estas condiciones, Bolivia tiene el potencial de transformar el talento emprendedor existente en empresas escalables, con acceso sostenido a capital, capacidad exportadora y presencia internacional», concluyó.





















































































