Bolivia dejó atrás esta semana el tipo de cambio fijo que rigió desde 2011. El Gobierno oficializó el pasado lunes un régimen cambiario flexible, con una cotización inicial de Bs 9,73 por dólar frente a los Bs 6,96 anteriores. Para muchos bolivianos, sin embargo, esa devaluación ya era un hecho consumado desde hacía tres años: mientras el tipo de cambio oficial permanecía congelado, el dólar digital —stablecoins como USDT y billeteras que operan con ellas— se fue consolidando como una vía paralela para pagar, cobrar y ahorrar, dentro y fuera del país.
Desde 2023, la escasez de divisas empujó a ciudadanos y empresas a resolver por su cuenta lo que el tipo de cambio oficial ya no reflejaba. Según el último informe disponible del Banco Central de Bolivia (BCB), las transacciones con activos virtuales crecieron más de 530% entre el primer semestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, de $us 46,5 millones a $us 294 millones. El Banco Central no ha publicado una actualización más reciente de esa cifra, pero el fenómeno se consolidó como mecanismo cotidiano de pago mientras el país esperaba una definición cambiaria oficial.
En ese contexto opera Takenos, una billetera digital fundada por argentinos que se expande rápidamente en Bolivia. «Takenos ya cumplió un año con presencia en el país. Actualmente contamos con 450.000 usuarios aproximadamente», explica Gonzalo Ostria, country manager de la compañía. La meta hacia fin de año es duplicar esa cifra.
El dólar digital cotidiano
A diferencia de plataformas que promocionan directamente el bitcoin, Takenos evita el término «cripto» y habla de «dólar digital». Una stablecoin es respaldada uno a uno por el gobierno estadounidense. «Ese dólar digital fluye por una carretera nueva, que es la del blockchain. El sistema SWIFT tradicional es una carretera más antigua, donde el dinero tarda varios días y tiene ciertos costos», describe Ostria. Según el ejecutivo, la herramienta ya no sirve solo para resguardar ahorros. Permite a freelancers y pequeños negocios cobrar del exterior y pagar suscripciones o servicios digitales sin pasar por el sistema bancario tradicional.
Esa lectura coincide con lo que documentan los analistas. La demanda boliviana buscaba estabilidad y funcionalidad de pago, no especulación. Todo esto mucho antes de que el Gobierno reconociera oficialmente la devaluación.
Del vacío a la regulación
El crecimiento inicial del sector se dio sin reglas claras. El Banco Central levantó la prohibición sobre criptoactivos recién en junio de 2024, tras una década de restricción total. Desde entonces, Bolivia aceleró su marco normativo: registro obligatorio de proveedores de activos virtuales, uso de stablecoins por entidades públicas y, finalmente, un marco legal específico para las Empresas de Tecnología Financiera (ETF), reglamentado por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) mediante la Resolución ASFI/540/2025 del 3 de julio de 2025.
Takenos se encuentra en pleno proceso burocrático ante la ASFI. «Estamos ya con el registro ante la ASFI, según la normativa emitida, como ETF», confirma Ostria. El reglamento contempla además un Entorno Controlado de Pruebas, que permite operar de forma vigilada mientras se define la normativa específica para cada servicio.
Atención personal
Takenos opera hoy con equipos propios en Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador, y prevé sumar Paraguay y Chile antes de fin de año. También habilitó pagos en moneda local para varios países vecinos —PIX en Brasil, código QR en pesos bolivianos, argentinos y soles peruanos— y planea extender esa función a guaraníes y pesos chilenos.
En paralelo, la empresa abrió su primera oficina de atención personal al público en Santa Cruz de la Sierra y lanzó un ciclo de masterclasses presenciales y digitales. «Es una necesidad que hemos identificado entre nuestros usuarios: el hábito de conocer y entender mejor esta nueva tecnología para mover el dinero», explica Ostria.




















































































