El anuncio del retorno de Petrobras a Bolivia dominó la agenda energética al cierre de la semana. Tras la reunión entre los presidentes Rodrigo Paz y Luiz Inácio Lula da Silva en la reciente cumbre del Mercosur en paraguay, una delegación ministerial boliviana se reunió en Río de Janeiro con la presidenta de la estatal brasileña, Magda Chambriard. El Gobierno confirmó la instalación de mesas técnicas desde la próxima semana. Para el físico y analista en energía e hidrocarburos Francesco Zaratti, el acercamiento es fundamental. Sin embargo, su concreción no depende de Petrobras: depende de las decisiones que tome Bolivia.
El ministro de Hidrocarburos y Energías, Marcelo Blanco, informó que las mesas técnicas evaluarán el reingreso de la petrolera brasileña. Se prevé que lo haga en toda la cadena de hidrocarburos, con actividades de exploración, explotación y producción. El marco es una alianza estratégica entre ambos países. La compañía, además, expresó su disposición a colaborar en la reestructuración de YPFB a partir de su propia experiencia en procesos de transformación empresarial. Las negociaciones se encuentran en una etapa inicial y aún no existen montos definidos de inversión.
Nunca se fue
Zaratti introduce, sin embargo, un matiz clarificador para entender el anuncio. “Petrobras no es que está volviendo a Bolivia: nunca se ha ido”, afirma. “La empresa opera campos como San Antonio, tiene prospectos futuros como Tariquía y participa en parte de la propiedad del gasoducto”, observa. Lo que está en juego, entonces, no es un retorno físico, sino la reactivación de las inversiones de riesgo en el upstream. Este es el eslabón de exploración y explotación que Bolivia perdió hace dos décadas. “Hay que interpretar el acercamiento como una voluntad, tal vez, de retomar inversiones», señala.
Condiciones e intereses
El interés de la brasileña es claro para el analista. “Le interesa tener gas boliviano para el mercado de Brasil, así de simple. No tanto para ganar plata, porque tiene muchas actividades en todo el mundo”. La visita, en su lectura, buscó verificar si existen las condiciones para volver a invertir, incluido el estado real de las reservas. El experto remarca que la certificación oficial aún no se hace pública.
Esas condiciones, advierte, debe crearlas Bolivia. La primera es tributaria. El régimen 50-50 vigente “no funciona” para la exploración de riesgo. Esto, porque el inversionista entrega la mitad al Estado independientemente de la producción, los volúmenes y el precio internacional. Zaratti descarta la necesidad de una reforma total del sector que tomaría tiempos largos y podría exigir cambios constitucionales. En cambio, propone una “ley corta” que modifique los artículos tributarios de la Ley 3058.
La segunda condición es sincerar los precios internos de la energía. El contraste es elocuente. “Si uno viene, invierte y encuentra gas, ¿qué va a hacer? ¿Lo va a vender a las termoeléctricas a $us 1,30 o lo va a exportar a $us 8 por millón de BTU?”. El desfase, añade, también golpea a las regiones productoras, que perciben regalías sobre un monto menor cada vez que el gas se vende en el mercado interno. La tercera condición es la seguridad jurídica de que el gas descubierto podrá exportarse, algo factible si el consumo interno migra progresivamente hacia fuentes renovables.
Aporte de Petrobras
Sobre lo que la brasileña puede aportar frente a la limitada capacidad de reactivación mostrada por YPFB, Zaratti identifica tres activos: capitales de riesgo para perforar, el mercado del Brasil y tecnología. Subraya que esa combinación es única. “Eso no lo pueden hacer en la misma medida otras empresas. Por ejemplo, Repsol tiene tecnología, tiene capitales, pero no tiene mercado”, explica. La garantía de compra es, a su juicio, el factor determinante. “Nadie va a buscar gas si no tiene mercado donde venderlo”, sentencia.




















































































