La decisión de pasar de un régimen de tipo de cambio fijo a uno flexible abre un nuevo escenario para la economía boliviana y genera distintas lecturas entre economistas y analistas, quienes coinciden en que la medida representa un cambio importante, pero que sus resultados dependerán de otros factores como la disponibilidad de divisas, el equilibrio fiscal y la capacidad de fortalecer la economía nacional.
El economista, empresario y político Samuel Doria Medina considera que el nuevo esquema representa un paso hacia una mayor estabilidad financiera, al permitir que el valor del dólar sea determinado por las condiciones del mercado y la disponibilidad de divisas.
«El Gobierno acabó con el tipo de cambio fijo y lo sustituyó con un cambio flexible, cuya exacta equivalencia fijará el Banco Central de acuerdo a la disponibilidad de divisas», señaló. A su criterio, el desafío principal estará en la capacidad del Banco Central de Bolivia (BCB) para sostener la confianza en la moneda nacional y evitar presiones devaluatorias.
Por su parte, el analista financiero Jaime Dunn afirmó que el cambio del precio del dólar no representa por sí solo una solución a los problemas estructurales de la economía.
«Devaluar no es el problema. El problema es creer que cambiar el precio del dólar arregla una economía desordenada», sostuvo, al señalar que aspectos como el déficit fiscal, las reservas internacionales, las políticas monetarias y el gasto público también influyen en la estabilidad económica.
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Régimen flexible
Dunn planteó que cualquier ajuste cambiario debe estar acompañado por reformas estructurales, disciplina fiscal y un fortalecimiento de la independencia del Banco Central para generar mayor confianza en el sistema económico.
En la misma línea, el economista Fernando Romero explicó que Bolivia pasa de un sistema vigente durante aproximadamente 15 años hacia un mercado donde la cotización del dólar se determinará por las operaciones formales de compra y venta de divisas.
Sin embargo, advirtió que la medida, por sí sola, no resolverá problemas como la escasez de dólares, la volatilidad del mercado paralelo ni las dificultades de liquidez que enfrenta la economía.
«Esta medida por sí sola no va a unificar ni resolver los problemas cambiarios del país si no se acompaña con políticas como una disciplina fiscal más rígida y el fomento a las inversiones extranjeras», afirmó.
Los especialistas coinciden en que el régimen cambiario flexible marca un cambio relevante en la política económica del país, pero su efectividad estará vinculada a la capacidad de generar divisas, recuperar la confianza y aplicar medidas que fortalezcan las bases productivas de Bolivia.




















































































