El estrecho de Ormuz volvió esta semana al centro de la escena energética mundial. Entre el lunes y martes pasados, fuerzas iraníes atacaron tres embarcaciones comerciales que transitaban por la vía. Las acciones incluyeron al metanero catarí Al-Rekayyat, el primer buque de GNL de Qatar golpeado desde el inicio de la guerra en febrero. Además del superpetrolero saudí Wedyan, dañado frente a la costa de Omán. Estados Unidos respondió con dos noches de bombardeos contra más de 170 objetivos en Irán y revocó la licencia que permitía a Teherán vender su crudo. El presidente Donald Trump declaró que el cese al fuego pactado en junio estaba «terminado». El efecto fue inmediato: trece tanqueros cruzaron Ormuz el miércoles, frente a un promedio de 33 diarios la semana previa, según la firma de inteligencia comercial Kpler.
Lo que está en juego
Detrás de los ataques hay una disputa por el control funcional del paso por Ormuz, donde circulaba el 20% del petróleo y GNL del mundo. Desde el memorando de entendimiento del 17 de junio operan dos corredores rivales. Una ruta norte bajo control iraní y una ruta sur, junto a la costa omaní, protegida por la marina estadounidense. Los buques atacados usaban la segunda.
«Esto es parte de una campaña focalizada de Irán para desestabilizar ese corredor sur», explicó Michelle Wiese Bockmann, analista senior de inteligencia marítima de Windward. Para Gregory Brew, analista de Eurasia Group, «estos ataques esporádicos inyectan suficiente incertidumbre para preservar parte de su posición de guerra». Con todo, Teherán carece de capacidad para imponer un sistema formal de peajes.
Los mercados reaccionaron con firmeza, pero sin pánico ante la nueva escalada en Ormuz. El Brent cerró el martes 3% arriba, en $us 74,16 por barril. Llegó a $us 79 el miércoles, lejos de los picos cercanos a $us 120 del punto álgido de la guerra. El gas europeo saltó más de 4,5%, hasta 46 euros por MWh, tras el ataque al metanero. La moderación se explica por el colchón de inventarios acumulado durante las tres semanas de tregua y por un aprendizaje del mercado. «Parece estar poniendo en precio una nueva normalidad», escribió Andy Lipow, presidente de Lipow Oil Associates. Así, describe escaramuzas intermitentes alternadas con períodos de calma que permiten el tránsito, en lugar de un cierre total.
Escenarios futuros
Los pronósticos son mixtos. En el escenario contenido, Capital Economics anticipa precios «volátiles en los próximos meses». Pero estima que si el cese al fuego en Ormuz se recompone el Brent se asentará cerca de los niveles actuales. Por su parte, Société Générale proyecta $us 75 el barril para el cuarto trimestre y un mercado en superávit hacia 2027.
El riesgo de subir los niveles de la beligerancia militar alcanza otros niveles: Kenneth Medlock, del Baker Institute, advierte que los ataques han sido hasta ahora quirúrgicos —ni infraestructura civil ni energética—, pero que una escalada mayor empujaría los precios muy por encima. El precedente está fresco: el cierre de marzo fue la mayor disrupción del suministro energético mundial desde los años setenta.
Diversos analistas identifican incentivos que empujan hacia la contención. Trump enfrenta en noviembre una decisiva elección legislativa.




















































































