Los precios del oro se desplomaron un 15% entre marzo y junio y encadenan su peor trimestre desde 2013. La corrección, la más profunda desde la crisis financiera, expone las tensiones entre un mercado especulativo que se retira y bancos centrales que siguen comprando. Para países productores como Bolivia, la señal es de alerta: el ajuste llega justo cuando el oro se volvió indispensable para las exportaciones nacionales.
El oro osciló esta semana entre los $us 3.900 y 4.100 la onza, manteniéndose débilmente por encima de $us 4.000. Así, el metal cayó un 15% en el trimestre y un 11% solo en junio. Es su peor caída trimestral desde el segundo trimestre de 2013 y su primera pérdida trimestral desde 2024. El retroceso borró las ganancias acumuladas en lo que va de 2026, luego de que tocara un récord de casi $us 5.600 en enero.
Factore clave
La explicación inmediata combina tres factores. Primero, la Reserva Federal de Estados Unidos giró hacia una postura más dura. El mercado ahora descuenta hasta 65% de probabilidad de una subida de tasas en septiembre como respuesta ante las presiones inflacionarias disparadas luego de la guerra en Oriente Medio. Luego, subieron los rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU, lo que hace más atractivo invertir en los mismos que en el metal amarillo. Además, en la medida en que el dólar se fortalece, encarece el oro para compradores en otras monedas.
«La incapacidad de sostener las ganancias revela la fragilidad del sentimiento actual. Los operadores venden en las subidas en lugar de comprar en las bajas», explicó Ole Hansen, jefe de estrategia de materias primas de Saxo Bank. Para Hansen, el oro necesita volver a superar los $us 4.100 antes de dar por cerrado el ciclo bajista.
Pero el ajuste convive con una tendencia estructural más grande. Desde 2022, cuando Occidente congeló unos $us 300.000 millones en reservas rusas, decenas de bancos centrales redefinieron qué activos consideran verdaderamente seguros. El oro, a diferencia de un bono soberano, no puede embargarse. Esa lectura empujó a más de 40 bancos centrales a comprar oro de forma sostenida, liderados por Polonia, Kazajistán, Brasil y China. El resultado: a fines de 2025, el oro ya representaba 27% de las reservas de los bancos centrales. Superó a los bonos del Tesoro por primera vez desde 1996.
Compras globales
«Las tensiones geopolíticas continúan impulsando una fuerte demanda de oro por parte de los bancos centrales», resumió la presidenta del BCE, Christine Lagarde. Del lado del Consejo Mundial del Oro, su director global de bancos centrales, Shaokai Fan, agregó que el fenómeno ya no se limita a los grandes actores. «Hemos observado la entrada de nuevos bancos centrales, o de bancos que habían estado inactivos en el mercado del oro durante mucho tiempo», dijo.
Esa demanda oficial, calculada en 800 a 850 toneladas para 2026, es menos sensible al precio que la demanda especulativa. Esto explica por qué los analistas distinguen entre una corrección cíclica y un cambio de tendencia. «El oro no ha terminado», escribió Samantha Dart, co-jefa de investigación de commodities de Goldman Sachs, en una nota del pasado lunes. Reiteró un objetivo de $us 4.900 para fin de año.
Los pronósticos institucionales para fines de 2026 se mueven entre $us 4.900 (Goldman Sachs) y $us 6.000 (JP Morgan, Bank of America), con revisiones a la baja recientes de UBS ( $us 5.500) e ING. Hacia 2030, el consenso institucional se ubica entre $us 5.500 y $us 7.500 la onza, aunque el rango completo de estimaciones va de $us 4.940 hasta $us 10.000, según distintas casas de análisis.
Bolivia
Para Bolivia, el momento es especialmente sensible. El oro llegó a representar cerca de 50% del valor de la producción minera nacional, según el Cedla. Esto impulsó casi en su totalidad a las cooperativas auríferas, que controlan más del 90% de la extracción. Una corrección prolongada del precio internacional golpearía directamente los ingresos por impuestos y las exportaciones.




















































































