Las grandes transformaciones políticas de Bolivia durante los últimos 25 años estuvieron precedidas por movilizaciones sociales que terminaron modificando gobiernos, leyes y el rumbo institucional del país. Así lo sostiene la analista política Susana Bejarano, quien identifica una línea de continuidad entre los conflictos de inicios de siglo y las protestas que actualmente atraviesa el país.
Según Bejarano, las guerras del Agua y del Gas marcaron el inicio de un ciclo político que puso fin al modelo neoliberal y abrió paso al ascenso del Movimiento Al Socialismo (MAS).
“Las protestas más influyentes desde el inicio del siglo fueron las guerras del Agua y del Gas, entre 2000 y 2005, porque marcaron el agotamiento del ciclo neoliberal y abrieron el camino al ascenso del MAS”, afirmó.
Susana Bejarano
La analista también destacó los conflictos entre 2007 y 2009, cuando sectores opositores al gobierno de Evo Morales lograron incorporar el régimen autonómico a la nueva Constitución Política del Estado.
Asimismo, identificó como hitos las movilizaciones indígenas contra la carretera por el TIPNIS en 2011, las protestas de 2019 que derivaron en la salida de Morales y el paro de 36 días por el Censo en Santa Cruz durante 2022.
Sobre las movilizaciones actuales, sostuvo que reflejan una nueva etapa de disputa política.
“Las actuales movilizaciones de sectores campesinos e indígenas reflejan una nueva etapa, en la que la disputa ya no es entre neoliberalismo y cambio, sino en la presencia efectiva del bloque popular en el poder y la continuidad o no del proceso de inclusión”, señaló.
Bejarano considera que la protesta social no ha desaparecido ni se ha debilitado con el paso de los años, aunque sí ha cambiado de naturaleza.
Calles
“En los años 2000 la protesta estaba asociada a la exclusión política y económica. Eran movilizaciones que cuestionaban el modelo de Estado”, explicó.
A su juicio, actualmente la conflictividad combina demandas sociales con disputas de representación política y luchas por el poder.
“En común observamos que sectores corporativos, organizaciones sociales, plataformas ciudadanas, comités cívicos y facciones partidarias recurren a la movilización como instrumento de negociación y de disputa por el poder”, sostuvo.
La analista afirmó que el bloqueo se ha convertido en una práctica recurrente dentro de la política boliviana.
“El bloqueo se ha convertido en una forma de interlocución reconocida, casi en una institución informal”, indicó.
Según Bejarano, la recurrencia de estas medidas evidencia debilidades estructurales del sistema político.
Conflictos
“La negociación se desplaza desde las instituciones hacia la capacidad de producir daño económico, daño social, daño político o de paralizar el país. Esto desnuda una institucionalidad pobre y una gobernabilidad precaria”, afirmó.
La especialista considera que Bolivia vive simultáneamente una continuidad histórica y una nueva etapa de conflictividad.
“Ya no es la confrontación entre el viejo orden neoliberal y el proceso de cambio, sino una disputa más fragmentada, atravesada por liderazgos personalistas, crisis económica y debilitamiento institucional”, señaló.
Finalmente, advirtió que la conflictividad forma parte de la estructura política nacional y que los gobiernos deben fortalecer los mecanismos de mediación para evitar que las crisis terminen trasladándose nuevamente a las carreteras.
“Cuando las instituciones dejan de ser eficaces, la calle suele convertirse en el espacio decisivo de resolución de las disputas”, concluyó.




















































































