En el último tiempo, la ciudad de La Paz se ha transformado hasta el punto que los espacios de las calles y avenidas tradicionales del centro urbano, han sido nuevamente bloqueadas. Motivo por el que en el Centro Urbano desapareció la fuerza de su expresividad a causa de los dinamitazos. Algo peor de lo que sucedió en el mes de enero.
Una realidad que ha llevado a mostrarla como una ciudad vital que se puede convertir hasta en agresiva, fruto del entrecruzamiento entre la vida urbana y los sonidos estruendosos de los dinamitazos, que han logrado romper todo lazo social urbano, por el temor que sentía la población.
En esa medida la gente, fue desapareciendo del centro urbano, fruto del entrecruzamiento entre la vida urbana cotidiana y el deseo de escapar de las calles del centro paceño. Lo singular fue observar que, aun así, no faltaron ciertos jóvenes que se concentraban en grupos al medio de las calles, denotando que no estaban dispuestos a perder el derecho a la ciudad.
Lo sorprendente es que la práctica urbana en La Paz cambió en ese tiempo. De ser una ciudad abierta a las distintas experiencias y el aprecio al espacio público que siente el habitante paceño, esa parte de la ciudad dejo atrás todo apego al espacio de las calles del centro urbano.
Y con ello, el anhelo de sentirse libres en la ciudad y apropiarse del espacio público de las calles y avenidas del centro paceño. Un abandono del lugar, donde la vida urbana no fácilmente desaparece ante la práctica de las protestas sociales.
Hasta hace poco afirmábamos que el aislamiento digital, esencialmente de la gente joven, es algo real en este tiempo. Sin embargo, el caos urbano parece ser una necesidad inobjetable de muchos de ellos. El estar al medio de esas grandes revueltas que vive esta ciudad convierte al Centro Urbano en el lugar donde los sonidos agresivos son un atractivo o en su caso, el simple hecho de andar al medio de esos barullos urbanos, es una aventura para ciertos jóvenes. A pesar de ello, en estos últimos días esas expresiones de la ciudadanía desaparecieron.
Sobra decir que la vida urbana efervescente, es el valor más ansiado en otras ciudades de Bolivia. Esto, porque el encuentro entre los ciudadanos es la expresión abierta de la sociedad. Sin embargo, no siempre se cumple con ese deseo de contar con una ciudad vital para la vida ciudadana.
No cabe duda que en la ciudad de La Paz, todo espacio libre sirve como alimento para el espíritu. Ahí contamos con El Prado paceño que a partir de ciertas horas es engalanado por la música por ejemplo de una corneta, o en su caso cantores y artistas que regalan su sentir a través de ciertas melodías. Hechos, que les producen unos pesos bolivianos.
La Paz, es una ciudad particular porque está abierta a la vida urbana. Esto, gracias a que cuenta con una población que aprecia el espacio público y mucho más, a lugares como son las plazas y los parques.
De esa manera conserva una vida urbana singular, que es admirada por ciertas ciudades del planeta que quisieran contar con la efervescencia de la vida urbana que aquí existe. Esto, olvidando el comercio callejero que -cada vez más- crece, lo cual debiera inspirar a los urbanistas a pensar que ya es hora que esta ciudad responda también, a lo que inspira la vida ciudadana efervescente.
De hecho, los proyectistas y expertos urbanistas tomen en cuenta, las cualidades que expresan ciertos lugares con los que cuenta esta ciudad. Esto, para que su vitalidad sea aprovechada con propuestas innovadoras.















































































