Estados Unidos ha lanzado una serie de ataques contra Irán en respuesta a los ataques iraníes contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz. Se trata de las violaciones más graves hasta la fecha del Memorándum de Entendimiento que entró en vigor el 17 de junio, y podrían señalar el fin de la tregua. Por primera vez desde el alto al fuego inicial del 8 de abril, el presidente estadounidense Donald Trump ha declarado de manera definitiva que el cese de hostilidades ha terminado. Estas tensiones crecientes sugieren que el alto al fuego no se convertirá en una paz permanente. Estados Unidos está siendo arrastrado a una guerra prolongada con Irán, en contra de su voluntad.
La lucha por el control
El principal punto de fricción que ha desencadenado la última ronda de ataques es la determinación de Irán de imponer su control sobre el Estrecho de Ormuz. El Memorándum de Entendimiento establecía que Irán haría sus «mejores esfuerzos» para garantizar el paso seguro de embarcaciones comerciales a través del estrecho, sin costo alguno, durante 60 días.
Sin embargo, las tensiones se dispararon de inmediato por los buques que utilizan la «ruta omaní» a través del estrecho. Se trata de un corredor marítimo respaldado por Estados Unidos que bordea la costa de Omán e implica coordinación internacional. Irán quiere que las embarcaciones utilicen una segunda ruta que pasa a lo largo de la costa iraní y que es estrechamente monitoreada y controlada por Irán.
El estrecho es demasiado ancho para que Irán pueda mantener el control sobre ambas rutas sin recurrir al uso de la fuerza, o a la amenaza de usarla. Irán ha demostrado que está dispuesto a emplear fuego real para disuadir a las embarcaciones de navegar por la ruta omaní.
Una batalla de fortalezas distintas
Una de las razones por las que ha sido tan difícil sostener el alto al fuego es que Estados Unidos e Irán tienen fortalezas diferentes. Ninguno de los dos considera que se haya rendido.
Estados Unidos es militarmente fuerte, con una capacidad bélica abrumadora. Pero su determinación política es débil. No quiere permanecer en esta guerra ni desplegar tropas terrestres en Irán. Estados Unidos no quiere agotar su arsenal militar en una guerra prolongada, ni concentrar sus esfuerzos militares globales en el régimen iraní. Así, aunque Estados Unidos posee la capacidad militar, es altamente improbable que fuerce un cambio de régimen en Irán o que abra por la fuerza el Estrecho de Ormuz.
La mayor fortaleza del régimen iraní es su determinación política. Está decidido a sobrevivir. Desde que líderes políticos clave fueron asesinados al inicio de esta guerra, el régimen se ha vuelto aún más intransigente y militarista. El régimen actual es ideológico, astuto y despiadado. Irán está decidido a demostrarle a Estados Unidos y a la región que tiene el control y que no dará marcha atrás. Está dispuesto a asumir costos económicos y de seguridad descomunales para lograr este objetivo. La determinación de Irán se refleja en su disposición a amenazar embarcaciones civiles en el estrecho con drones ligeros y de bajo costo, así como con lanchas de ataque.
La principal debilidad del régimen iraní es la económica. Irán ha sufrido daños económicos y militares masivos como resultado de esta guerra. No podría resistir otro bloqueo prolongado del Estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos, ni ataques aéreos estadounidenses sostenidos contra su infraestructura y objetivos militares.
Trump y la política interna
Los panoramas internos, muy diferentes entre sí, de Estados Unidos e Irán están empujando a ambas partes hacia el quiebre del alto al fuego.
En Irán, como se señaló, la guerra ha producido un régimen endurecido, con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) más firmemente asentada en el poder político. Los líderes iraníes que siquiera dialoguen con sus contrapartes estadounidenses, y más aún si hacen concesiones, corren el riesgo de ser tachados de traidores políticos por algunos elementos de la Guardia Revolucionaria. Como lo ha demostrado la historia con los asesinatos del presidente Anwar Sadat en Egipto en 1981 y del primer ministro Yitzhak Rabin en Israel en 1995, los líderes pueden poner en riesgo su propia vida si alcanzan acuerdos con contrapartes consideradas enemigos jurados por los sectores más radicales de su propio país.
Esto lleva a Irán a concentrarse en controlar el Estrecho de Ormuz y en proyectar una imagen intransigente, en lugar de capitular para gozar de los beneficios económicos del levantamiento de sanciones y del fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares prometido por Estados Unidos.
Trump, por su parte, no quiere volver a una guerra a gran escala debido a la falta de respaldo interno. Sin embargo, Trump también está influido por quienes en Estados Unidos no quieren ver a su país retirarse de la guerra con Irán sin un acuerdo sobre el tema nuclear y con Irán en pleno control del Estrecho de Ormuz. Trump espera que Irán coopere con el Memorándum de Entendimiento debido a los beneficios económicos prometidos. Pero ha subestimado enormemente la determinación de Irán de imponer su dominio sobre el estrecho y su control en la región.
¿Qué pasará de aquí en adelante?
La reticencia de Trump a una escalada total significa que es poco probable que volvamos a la guerra del 28 de febrero. La determinación de Irán de demostrar control significa que tampoco es probable que el alto al fuego se sostenga, ni que surja un acuerdo de paz sustancial.
El escenario más probable es que regresemos al statu quo que rigió desde el primer alto al fuego del 8 de abril hasta el 17 de junio. Fue una tregua precaria, por debajo del umbral de una guerra total, pero tampoco una paz sustantiva. Los ataques de represalia mutua continuarán durante los próximos meses. El Estrecho de Ormuz permanecerá parcialmente cerrado, con una seguridad incierta.
Como he señalado anteriormente, esto se asemeja más a un conflicto congelado que a un alto al fuego pleno o a un retorno a la guerra a gran escala.






















































































